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sábado, 14 de abril de 2012

El grito de la piel



Como siempre, se acercó despacio al fin del mundo. Escuchó atenta la queja silenciosa de su piel al contacto con aquellas manos sedientas. Hacía tiempo que no se estremecía. Trató de evadirse. Se entretuvo un instante en la mancha de humedad que había en la pared al lado de la cama. Cerró después los ojos para huir mejor y concluyó que en tiempo de crisis los 30.000 euros anuales libres de impuestos la convertían en un ser privilegiado. Por un momento se sintió orgullosa de su cuerpo. Sus labios intentaron dibujar una sonrisa agradecida cuando se dio cuenta de que una lágrima comenzaba a abrasarle la mejilla.

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