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martes, 23 de junio de 2009

¡Barça!,¡Barça!, ¡Ra, ra, ra!


En la mitología egipcia Ra es el gran dios, el dios sol, el símbolo de la luz y de la vida. El sol también está representado por su disco, Atón, del cual manan múltiples rayos a modo de manos benefactoras que proporcionan prosperidad y felicidad a los humanos.

Los abundantes aficionados egipcios y del resto del mundo, los españoles no futboleros y hasta algunos hinchas del Madrid, reconocen que el Barça ha demostrado este año su poderío, su fuerza, su superioridad. Es un campeón, un ente especial tocado de la mano de los dioses, el equipo de la trihazaña, el conjunto capaz de una heroicidad digna de perpetuo reconocimiento mundial. Por mucho que Florentino se preocupe de eclipsar en cuatro días la bien ganada aureola divina del Barcelona empapelando periódicos y televisiones con los euros de Ronaldo y de Kaká, el mensaje ha llegado muy lejos y muy alto. En este tendal de Alejandría, el Barça y el gran dios sol son equiparables. Dioses y/o héroes, codo con codo, juntos en una esquina los mitos, la fé y las ilusiones. ¡Barça!,¡Barça!, ¡Ra, ra, ra!

martes, 2 de junio de 2009

En Shali hay que adivinar a las mujeres


Hacia la otra orilla del Gran Mar de Arena se encuentra el oasis de Siwa. Tradición y barro son los ingredientes que hacen de esta isla del pasado algo verdaderamente especial. El aislamiento histórico en el que ha estado sumido este pueblo de Shali, por culpa o gracias al desierto, le confiere una personalidad única y le convierte en un lugar paradisíaco. Los burros y las bicicletas son los medios de transporte más utilizados por los hombres de esta población berebere, conservadora y hospitalaria, en la no resulta nada fácil comprobar que hay mujeres. Las hembras nunca se ven por la calle, hay que adivinarlas debajo de las túnicas.

 

El Gran Mar de Arena


No es sencillo entrar en la esencia de un paisaje como éste. Exige cuando menos acercamiento, tiempo y pasión. A cambio, el desierto se ofrece como un lugar de mil aspectos luminosos y diferentes, todos ellos seductores. El Gran Mar de Arena es uno de los lugares más áridos de la Tierra, un espacio remoto que las caravanas trataron de evitar por todos los medios, pero fascinante como pocos y con una capacidad embrujadora a la que no han sabido resistirse exploradores y aventureros de todas las épocas.