Páginas

domingo, 13 de diciembre de 2009

Sangre irreal


El descubrimiento de la fotografía hizo posible el milagro de plasmar un instante de realidad, pero eso no significa que la fotografía atrape el pasado de manera fiel. Decía Cartier-Bresson que la verdad sólo surge cuando están en el mismo punto de mira, el ojo, el corazón y la mente. Es posible, pero habría que puntualizar. Es relativamente fácil que el observador, con el punto de mira que el fotógrafo le concede, no tenga posibilidad alguna –o muy pocas- de acercarse a la realidad. En este caso la visión de la imagen –dramática, espeluznante- puede colocar nuestra mente en un campo de exterminio. Para conocer la realidad del momento, el observador únicamente dispone de ese punto de mira en el que el fotógrafo ha puesto el ojo y el objetivo, pero éste tiene que conseguir transportarle a aquel punto de la realidad y no a otro. Y para eso, el corazón del fotógrafo tiene que ser honrado. Llevar el equivocado ojo del observador como quería Cartier-Bresson, reconducir su mirada desde el campo de concentración alemán hasta la manifestación reivindicativa de un colectivo madrileño en defensa de los animales –la verdad del momento-, sería fácil con otro punto de mira. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario