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miércoles, 7 de enero de 2009

Airear los trapos limpios

Airear los trapos, aunque sean limpios, no sólo no suele estar bien visto, sino incluso en muchos casos prohibido. Procuramos ocultar celosamente nuestras cosas personales a los ojos de los demás. Somos exageradamente púdicos. Tanto es así que preservamos a cal y canto nuestras interioridades, pero casi con el mismo celo las exterioridades. El mundo desarrollado cada vez nos va haciendo un poco más opacos. No sólo no queremos que se conozca públicamente la intimidad de nuestra alcoba, nuestras inclinaciones políticas o el dibujo de nuestros calzoncillos, sino que procuramos que nadie entre en nuestra casa si hay zafarrancho o si estamos con los rulos puestos.   
Pero son falsos temores. Aunque suene a perogrullada, realmente no hay nada que esconder cuando no tenemos nada que ocultar. La prueba está ahí, la imagen no es censurable en ningún sentido, tiene encanto visual y se puede considerar en todos los aspectos políticamente correcta. 
Normalmente tienen que darse dos circunstancias para hacerse con una foto: La primera es verla, planteársela como fotografiable y la segunda accionar el disparador en el momento oportuno (en este caso la segunda poco meritoria por tratarse de una imagen estática).

4 comentarios:

  1. Gracias por volver después de Navidades. Simelmo Marno

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  2. De nada. Era un breve paréntesis, pero estaba claro que volvería. Las imágenes y las palabras me enganchan.

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  3. Me encantan la mayoría de tus fotos, también las reflexiones que haces sobre ellas.........Volveré a entrar en tu blog, con tu permiso, claro....
    Saludos
    Pilar

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  4. Faltaría más. Tiene usted permiso. Adelante.

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