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domingo, 30 de noviembre de 2008

Atenta espera






















Se la ve expectante. Observa con atención mientras el tiempo corre empeñado en añadir inquietud al momento. Sentada en el muro de la terraza, toda su atención se centra en un punto que cualquiera concluiría es aquél por el que tiene que venir la persona a la que espera. Pero hace rato que no las tiene todas consigo. Está cansada. La historia se repite. Le cuesta seguir creyendo.
La posición es estable, no circunstancial. Ha adoptado una postura cómoda, que le permitirá aguantar en actitud vigilante bastante tiempo si las circunstancias lo requieren. Las dudas son evidentes en la mirada felina y un tanto escéptica, pero todavía esperanzada, de la muchacha.
La pared del fondo, mitad en tonos fríos, mitad cálidos, hace de marco adecuado para mantener en un empate la incertidumbre del desenlace.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Menos desafiante y más resignado


Tiene la mirada arrugada de tanto mirar y camina con paso firme y sin demasiada ilusión hacia no se sabe muy bien dónde. Parece escudriñar el pasado como si de nuevo se lo fuese a encontrar de frente. Menos desafiante y más resignado. El tiempo se le ha ido colando sin piedad en el alma y le ha ido aplacando poco a poco el vigor del que hacía gala antaño. Un empuje que de alguna manera aún resulta evidente, escondido entre los pliegues raídos de la llamativa y hoy desmedida chilaba. El porte solemne que siempre le había proporcionado la barba a su espíritu rebelde, queda ahora parcialmente deslucido por el desaliño y el cansancio. El desequilibrio se hace evidente en esa manga indómita de su camisa.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Geometría y color


Me gusta la fotografía de la calle, la fotografía sin artilugios, las fotos de a pie. Disfruto parándome a observar las líneas que se dibujan en lo cotidiano, los colores de la normalidad, la grandeza de las imágenes sencillas. Fotos sin pretensiones en las que el tema principal es el color, pero en las que, con o sin presencia humana, tiene mucha fuerza la forma, la geometría. Ésta puede ser una buena muestra.

El paraiso azul

Xaouen o Chefchaouen es un paraiso de color en el que la vista se emociona ante la grandeza de la excitante gama de azules, que invaden arrogantes todos los rincones de las estrechas callejuelas de la ciudad. Parece como si el mar hubiese ocupado algún día las sinuosas calles y una huella inmensa con los mil azules del agua quedase impresa para siempre en las puertas, en las escalaleras, en las fachadas y en las ventanas de este pueblo privilegiado situado en la ladera de las montañas del Rif.

Camino de la inmensidad



Me gusta esta foto porque define bien la vida, las vidas de todos, los recorridos humanos. De diferentes formas, con distintos medios y distintas fuerzas, pero cada cual a su manera caminando, avanzando con decisión hacia el destino, hacia ese un poco más allá que nos espera después de la curva, detrás del horizonte, hacia ese mañana que no se conoce, pero que imaginamos inmenso, lleno de color como el fondo de la imagen. El camino en cuesta, siempre difícil, siempre esforzado. Las señales nos ayudan. Indican que no hay que bajar la guardia. Para llegar hasta el final quedan siempre obstáculos por salvar.

Por derecho

Frente a frente. La cámara y el alma. Sin tapujos. La cámara ha apuntado hacia su objetivo y el alma de la señora no tiene nada que ocultar. Es mayor y está cansada. Dice sin abrir la boca que es duro empujar la vida día tras día, pero que también sabe que eso es lo que hay. Mira, piensa y descansa. No acaba de entender que se quiera captar la imagen de algo tan poco especial como ella, pero lo acepta sin problemas. La mano, acercándose a la mejilla, parece ayudarle a meditar. Los piés descalzos sobre las babuchas muestran a las luces la dureza de la jornada y del camino diario.
Los que hacemos fotografías esperamos poder captar trozos de realidad para convertirlos en imágenes, pero buscamos algo más que una instantánea de nuestro entorno. Cuando vamos con una cámara al hombro, esperamos poder descubrir las relaciones del hombre con la vida, esperamos, en el fondo, poder encontrarnos todos los días frente a frente con esta señora

martes, 25 de noviembre de 2008

Perseguidos por las sombras




Caminamos por la vida indisolublemente unidos a nuestra sombra. Es algo así como nuestro pasado, nuestra conciencia o nuestros actos, que nos acompañan eternamente, que vagan de un lado a otro pegados a nosotros sin que podamos hacer nada por deshacernos de ellos. Nuestra sombra y nuestro pasado nos persiguen siempre. Por mucho que queramos despistarles, van con nosotros a todas partes hasta la muerte, forman parte de nuestra identidad, aunque por momentos nos parezca que nos abandonan. La sombra crece cuando el día empieza a declinar, lo mismo que el pasado cuando las vidas ya atardecen se alarga, con el tiempo se hace mucho más grande que nosotros, hasta ocupar casi toda nuestra realidad. El empedrado, perpendicular a la trayectoria, le da color y un tono de entretenimiento, más que de dificultad, a la marcha del grupo.

Arte camaleónico


Resulta curioso comprobar lo bien que se integra en este caso la figura humana en el fondo. Realmente es como si hubiese formado parte desde siempre de la pintura mural de la que se ha escapado. Ha salido unos instantes porque tenía algo urgente que resolver y vuelve diligente para seguir ocupando su sitio, para incorporarse nuevamente a su papel de toda la vida. Por desgracia, muchas veces el arte peca de maleducado. Se planta sin miramientos donde corresponda y se limita a llamar la atención, sin importarle demasiado los medios y sin preocuparse de si para ello tiene que volverse agresivo, irrespetuoso o radical. Lo importante es despertar del letargo al espectador. Como sea. Otras veces, las menos por desgracia, el arte se integra silenciosamente en el entorno, se mimetiza sin necesidad de gritarle a nadie, se identifica con los colores, utiliza los mismos tonos que hay a su alrededor. Es el arte silencioso y camaleónico, el que no viene impuesto, el que se parece a nosotros, el único al que le aceptamos una llamada de atención porque lo sentimos cerca, el que es capaz de despertar las conciencias desde dentro de nosotros. Porque es nosotros.